- ¿Por qué me miras así?- Realmente no lograba descifrar lo que tratas de decir con esa mirada profunda y mordiéndote el labio inferior.- ¿Sabes? Antes te miraba y sabía exactamente lo que estabas pensando, pero durante las últimas tres horas he tratado de leerte... Y no tengo idea.
- Las personas cambian, siempre cambian. Tal vez la respuesta esté frente a ti, pero no quieres darte cuenta de que la verdad es inevitable.- Me dijiste.
Agachaste la cabeza y empezaste a masajear tus manos; típico gesto tuyo al ponerte nervioso. Tenía que saberlo porque nunca he soportado la intriga, y lo sabes.
- ¿Qué pasa? ¿Qué quieres decirme?- Eras mi amigo del alma y había algo creciendo en esas cuatro paredes que te impedía mirarme a los ojos.
- Ayúdame- Susurraste con más pena de la que jamás pude imagina que cabía en tu ser.
- ¿Ayudarte a que?
- Ayúdame a decirte que te quiero...
Luego de unos segundos noté que tenía la boca abierta. ¿Cómo nos había pasado esto? Se sentía como hace un instante cuando con mentes inocentes podíamos pasar la noche entera jugando en la cama a hacernos cosquillas, pero incluso tu mano me perecía tan lejana.
- Esto cambia todo- Dije con todo el orgullo que poseía. No era necesario que te pidiera que te fueras.
Saliste humillado. Te vi bajar las escaleras asegurándome que ya te habías ido. Estaba furiosa. ¿Por qué me sentía así? Miré por la ventana de mi habitación para buscar respuestas y ahí estabas. Sentado en nuestra banca. Llorando desconsolado. Creo que esa fue la primera vez que sentí que te amaba.
Ahora llevo largos minutos observándote. ¿O han sido horas? No lo sé. Contigo el tiempo pasa tan rápido mi amor. Puedo ver tu espalda desnuda y tu cara sonriente. Te has convertido en todo lo que soñé tener para ser feliz.
¿Recuerdas aquella conversación en mi habitación? ¿Recuerdas la primera vez que te hice llorar? Quiero que sepas que sigo siendo muy joven y a pesar de mi inmadurez, en ese momento me prometí a mi misma mantenerte a mi lado para toda la vida.
Los años han pasado y me siento más enamorada de ti que nunca. Aún en estos días te miro y me sonrojo. No soporto estar lejos de ti.
No han transcurrido ni doce horas desde que nos casamos y sólo quería escribirte para decirte que te amo.
Te prometo que juntos vamos a descubrir la felicidad verdadera, si existe.
Tuya Siempre
Emily.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario